4 ene. 2014

CON EL NUEVO AÑO, VOLVEMOS CON EL EVANGELIO DEL DOMINGO PARA LA LECTURA, ORACIÓN Y REFLEXIÓN DE NUESTROS HERMANOS


EVANGELIO DEL DOMINGO


5 de Enero de 2014
2º Domingo después de la Navidad
Juan, 1, 1-18 

Lectura de la  Buena Noticia según San Juan

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
 Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.”
»Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado ha conocer.
 Palabra del Señor.
DIFUNDE EL EVANGELIO – ¡¡PASALO!!

COMENTARIO


                    
El misterio de la Navidad es el comienzo de un diálogo entre Dios y los hombres. Jesús nace en Belén y en ese hecho, aparentemente sencillo y cotidiano, tiene lugar el acontecimiento de la Encarnación del Verbo de Dios. La Palabra (el Logos) de Dios se hace carne para que los seres humanos podamos ver y escuchar y tener acceso a Aquel a quien nadie ha visto jamás. Pero si Dios se dirige así a los seres humanos yendo a su encuentro, poniéndose a su nivel, hablando en su lenguaje, es necesario que el ser humano responda a este requerimiento acogiendo a Jesús y reconociendo en el hijo de María al Hijo de Dios.
La liturgia de este tiempo de Navidad retorna una y otra vez al portal de Belén, relee continuamente los textos que sonaron la víspera, la noche y el día de Navidad. Pero lo hace de manera dinámica, buscando nuevas perspectivas, subrayando nuevos aspectos. Hoy, cuando releemos (y ya es la tercera vez) el prólogo del Evangelio de San Juan, la primera y la segunda lectura orientan nuestra atención hacia la recepción del acontecimiento central. Este último es que “la Palabra se hizo carne”; la respuesta por parte nuestra puede ser que “vino a su casa, pero los suyos no la recibieron”; pero también que “a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre.” El tiempo de Navidad es, pues, también una llamada a examinar la calidad de nuestra respuesta de fe.
De hecho, ya en los textos de los días ordinarios de la Octava van desfilando diversos personajes que reconocen en el niño Jesús al Mesías esperado: los pastores, Simeón, la profetisa Ana… En ellos el Antiguo Testamento, la fe del resto de Israel, se abre a los nuevos tiempos. Esta aceptación en fe no es ciega, sino clarividente, pues no consiste en acoger de manera voluntarista lo que en modo alguno se puede comprender. Una de las imágenes centrales de estos días es la de la luz. La fe nos abre los ojos a la luz y nos descubre dimensiones escondidas a una mirada superficial. La fe es una forma de comprensión y de sabiduría, porque es la aceptación de la Sabiduría de Dios. La primera lectura hace el elogio de la Sabiduría divina, manifestada en la creación del mundo y que ha venido a poner su morada en Sión. A la luz del Evangelio comprendemos que esa Sabiduría de Dios es la Palabra por la que se hizo todo, y que se ha hecho carne en Jesús. La acogida en fe de la Palabra encarnada es un modo de participar realmente de la Sabiduría de Dios, como nos recuerda Pablo en la carta a los Efesios: “el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama”. No se trata de una sabiduría meramente teórica, de una erudición religiosa adquirida por medio del estudio y la lectura, sino de una Sabiduría que nos pone en contacto vivo con el Misterio que contemplamos, acogemos y aceptamos: es un saber que es, al tiempo, un saborear y, por tanto, un asimilar.
Así pues, la luz y la sabiduría de la fe son el principio de una vida nueva: Jesús nace en la carne para que nosotros renazcamos en el Espíritu; al acoger, por medio de la sabiduría de la fe, el misterio de la Palabra hecha carne, nos convertimos en hijos de Dios; al abrir nuestras puertas al hijo de María, Él abre para nosotros la participación en su propio ser de Hijo único de Dios.
Y todo esto significa que, si hemos aceptado en fe a Jesús y, en consecuencia, hemos renacido en el Espíritu, esta novedad ha de reflejarse en una nueva forma de vida: vivir en la luz, siendo, como Juan el Bautista, testigos de la luz, ser santos e irreprochables, pero no por carecer de defectos y limitaciones (Dios no nos pide imposibles), sino “por el amor”, es decir, por la capacidad de acoger y aceptar a los demás, reconociendo en fe en cada ser humano a un sacramento de la presencia de Dios, a un llamado a la filiación divina y, por tanto, a un (real o potencial) hermano nuestro.




DISCERNIMIENTO, DIÁLOGO Y ORACION

Para la revisión de vida

- Dios se da a conocer a todas las gentes; no sólo al pueblo elegido, sino a todos los pueblos, representados en los Magos de Oriente. ¿Tengo yo ese mismo sentimiento de universalidad de Dios, o creo que sólo nosotros conocemos a Dios y estamos en la verdad? ¿O pensamos tal vez que sólo nuestra religión es verdadera, que las demás son “falsas”?

Para la reunión de grupo

- El símbolo de la epifanía (magos de Oriente yendo a adorar a Jesús) es un símbolo, una elaboración teológica del “evangelio de la infancia” de Mateo, realizada en aquel contexto la génesis del Nuevo Testamento, que es un contexto de confrontación de la comunidad cristiana con el mundo ambiente, contexto de expansión esforzada, de evangelización misionera. Es fácil hacer de este símbolo una interpretación en el marco del “inclusivismo”, como si “toda salvación que haya fuera del cristianismo proviniera en definitiva únicamente de Jesús”, o en el marco incluso del “exclusivismo”, como si “fuera de Jesús no hubiera salvación”… Hoy, dos milenios más tarde, con una visión bastante más amplia, y tras un Concilio Vaticano II que ha dicho las palabras más positivas y optimistas sobre el valor salvífico de las demás religiones que nunca se hayan pronunciado en la Iglesia Católica, caben otras interpretaciones más abiertas. Dialoguemos sobre ello.
- La salvación de Dios ofrecida en Jesús es universal, como lo es la salvación que Dios causa y ofrece fuera (o antes) del cristianismo a través de las religiones de los pueblos. Dios es el mismo a pesar de la multiplicidad de sus nombres o de la diversidad de las religiones. Por eso los magos adoran a Jesús sin ser cristianos, y por eso los cristianos podemos participar de las riquezas religiosas de toda la humanidad. Todo lo que es de Dios nos pertenece a sus hijos, a todos sus hijos. Por eso debe haber diálogo y paz entre las religiones… ¿Es ésta una argumentación correcta?
- La Epifanía de Jesús, su manifestación a toda la humanidad, significa que hay más «Pueblos de Dios» que el Pueblo de Dios del cristianismo. ¿Seguimos identificando el «pueblo de Dios» con la Iglesia católica, o con el cristianismo? ¿Es correcta esa identificación? ¿Por qué sí o por qué no? ¿Quiénes serían «Pueblo de Dios»?
- El Concilio Vaticano II nos ha recordado que la manifestación de Dios en Jesús no es la única. Dios, como sabemos, se ha manifestado de muchas maneras también a otros pueblos (Heb 1,1)… ¿Qué cambios de actitud y hasta de lenguaje implica este “descubrimiento”? ¿Qué cambios también implica en los fundamentos de la misión, de la evangelización a los pueblos no cristianos?

Para la oración de los fieles
v  Para que estemos siempre dispuestos a dar razón de nuestra fe y de nuestra esperanza a quien nos lo pida.
Roguemos al Señor.

v  Para que cada religión esté dispuesta a escuchar a las demás y a acoger con apertura de corazón lo que el Espíritu nos manifiesta en las religiones de todos los pueblos.
Roguemos…

v  Para que todos los catequistas sepan unir el testimonio de su propia vida a una buena preparación para ejercer su ministerio.
Roguemos…

v  Para que cuantos viven sumidos en la duda, el temor o la intranquilidad se encuentren con Dios vivo y alcancen la luz y la paz que buscan y necesitan.
Roguemos…

v  Por cuantos buscan un mundo más justo y en paz, para que encuentren la recompensa a sus trabajos y desvelos.
Roguemos…

v  Para que vivamos de tal modo la fraternidad con quienes nos rodean que seamos para todos un verdadero testimonio de fe y de amor.
Roguemos…
 
Oración comunitaria

Oh Dios, Dios único, «Dios de todos los nombres» con los que los humanos de todos los tiempos te han buscado. Tú que te has hecho buscar por todos los pueblos, y a todos ellos también les has salido al encuentro en su propia vida espiritual, en su religión, concédenos apertura de corazón para sentir tu presencia omnímoda en todas las religiones de la tierra. Tú que vives y das vida, y dialogas con todos los pueblos, por los siglos de los siglos. Amén.

No hay comentarios:

Publicar un comentario