Blog de la ILUSTRE Y LASALIANA HERMANDAD Y COFRADIA DE NAZARENOS DE CRISTO REY EN SU ENTRADA TRIUNFAL EN JERUSALÉN, NUESTRA SEÑORA DE LA ESTRELLA Y SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE Capilla/Oratorio del Colegio San José calle Porvera, 21 JEREZ
4 sept 2013
COLABORACIÓN CON LA HERMANDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA CON MOTIVO DE SU CORONACIÓN CANÓNICA
Miembros de la Junta de Gobierno de nuestra Hermandad, acudieron en la tarde de ayer a la Iglesia de San Lucas, donde se encuentra la Imagen de Nuestra Señora de la Esperanza de la Yedra que, con motivo de su, ya inmediata, Coronación Canónica, va a realizar en el mencionado Templo un Triduo de preparación para tan importantísimo acontecimiento, para hacer entrega de una aportación económica con este motivo e intentar la colaboración con tan querida Hermandad .
1 sept 2013
COMO CADA DOMINGO TRAEMOS EL EVANGELIO, PARA LA LECTURA, ORACIÓN Y REFLEXIÓN DE NUESTROS HERMANOS
|
|
EVANGELIO DEL DOMINGO
|
1 de Septiembre de 2013
XXII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO
(C)
Lucas, 14, 1.7-14
|
+Lectura de la Buena Noticia según San Lucas
Un sábado, Jesús entró a comer en
casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente.
Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola:
"Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú,
y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: 'Déjale el sitio', y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar.
Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: 'Amigo, acércate más', y así quedarás bien delante de todos los invitados.
Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado".
Después dijo al que lo había invitado: "Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa.
Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos.
¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!".
Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola:
"Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú,
y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: 'Déjale el sitio', y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar.
Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: 'Amigo, acércate más', y así quedarás bien delante de todos los invitados.
Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado".
Después dijo al que lo había invitado: "Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa.
Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos.
¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!".
Palabra
del Señor.
DIFUNDE
EL EVANGELIO - ¡¡PASALO!!
COMENTARIO
El Evangelio de hoy podría titularse “Elogio de la
humildad”, o mejor aún (es decir, peor), “Elogio de la humillación”, y,
llevando la cosa a su extremo, “Elogio de la autohumillación”. Estos elogios no
tienen, desde luego, buena prensa en el mundo de hoy (en realidad, apurando un
poco, en el mundo de cualquier época y cultura: los tiempos cambian menos de lo
que parece). Porque los valores prevalentes de este mundo, de hoy y de siempre,
son los que subrayan el éxito personal, la autoestima, la afirmación de sí, el
reconocimiento social. Desde luego, el evangelio de hoy daría jugosos
argumentos a ese gran detractor del cristianismo, y profeta de los tiempos
modernos y postmodernos, que fue (es y sigue siendo) Federico Nietzsche. Nos
acusaba a los cristianos de defender valores de débiles, afeminados (tal vez en
nuestros días se abstendría de usar este adjetivo), propios de una moral de
rebaño: precisamente la humildad, la negación de sí, la compasión, el amor por
los débiles.
¿Por qué tenemos que humillarnos a nosotros mismos? ¿Por
qué no tenemos el derecho, incluso el deber de afirmarnos, fomentar la
autoestima, buscar el éxito en esta vida, sometida ya de por sí a tantas
limitaciones, a tantas “derrotas”? ¿No será verdad que el cristianismo, bajo
capa de amor y perdón, es en el fondo enemigo de la vida, enemigo del hombre
real y concreto, defensor de actitudes antihumanas?
Naturalmente, las lecturas precipitadas y guiadas por
prejuicios no ayudan a entender en plenitud y en profundidad las palabras de
Jesús. Porque Jesús, más bien, está llamándonos a la autenticidad de la propia
vida. Y ser auténtico no es otra cosa que ser uno mismo de verdad y no sólo en
apariencia. Es una llamada que responde, en el fondo, al mismo deseo de
autoafirmación y autoestima, solo que advirtiéndonos con seriedad sobre los
falsos caminos para alcanzar aquellas.
Tenemos que reconocer que, si estamos necesitados de
autoestima y autoafirmación, y de una cierta confirmación de ellas por la vía
del reconocimiento social, es porque de entrada somos bastante pobres y
limitados (de otro modo, nos sobrarían aquellas necesidades). Y un falso camino
para superar nuestra limitación es simular una importancia que, realmente, no
tenemos. Por ejemplo, ocupar los primeros puestos, buscar a cualquier precio el
aplauso social, revestirnos de méritos más imaginarios que reales, dárnoslas,
en definitiva, de lo que realmente no somos. Es la vía de la apariencia
externa, que lo único que hace es revestir nuestra propia desnudez y ocultar
nuestra propia verdad, en primer lugar, ante nosotros mismos, y después también
ante los demás.
Jesús, viendo esa feria de las vanidades, a propósito de
un banquete al que había sido invitado, aprovecha para exhortarnos a no
engañarnos a nosotros mismos. Para alcanzar nuestra propia verdad tenemos que
renunciar a esas falsas apariencias, a esas formas de afirmación que son sólo
fachada, y no resultado de un auténtico crecimiento interior. Por la vía de las
apariencias uno se hincha, se ciega y se queda tan contento, pero,
precisamente, se queda, es decir, se estanca, no crece, no llega a ser el que
tiene que ser. Para que se dé este crecimiento personal hay que empezar por
reconocer la propia pequeñez, los propios límites (físicos, psicológicos,
intelectuales, morales, personales, en suma). Sólo desde la humildad de este
reconocimiento es posible comenzar el trabajo paciente, lento, difícil, pero
auténtico y verdadero, de la superación propia, de la maduración, de la propia
realización. Por poner un ejemplo sencillo, una persona que compra un título
universitario, puede aparentar un nivel que, realmente, no tiene, por más que
sobre el papel se le reconozca. En cambio, el que empieza asumiendo
humildemente su ignorancia (en el campo que sea) y se pone en la senda del
aprendizaje paciente, llegará a conseguir ese título por méritos propios, un
título que reflejará realmente sus conocimientos. Por otro lado, como lo que
uno no sabe siempre supera con creces todo lo que puede llegar a saber, la
humildad es la verdadera actitud del sabio, que siempre está abierto a adquirir
nuevos conocimientos. Y lo que decimos del conocimiento podemos aplicarlo sin
esfuerzo a cualquier otro campo de nuestra vida: la vida profesional, familiar,
moral y religiosa.
Jesús nos llama a la humildad e, incluso, a la
humillación de sí (rehuir los primeros puestos, esto es, el reconocimiento
puramente aparente e inmerecido), pero para ser enaltecido. Jesús, el
cristianismo y la Iglesia no nos exigen que nos humillemos para
permanecer en la postración permanente; al contrario, se trata de un
reconocimiento inicial y bien realista para poder crecer y alcanzar así la
propia plenitud. Una plenitud que no está basada en la comparación con los
otros, en la mera apariencia de los signos externos y el reconocimiento social,
sino en la propia verdad. Si esta es reconocida socialmente, podremos estar
agradecidos por ello, pero en ningún caso debemos valorarnos (a nosotros y a
los demás) sólo en función de ese reconocimiento. A veces ser fieles a la
propia conciencia, y hacer el bien, exigen el precio del rechazo del entorno en
el que vivimos.
Por eso Jesús, continuando con esa llamada a la
autenticidad, nos sugiere hacer el bien por amor del bien mismo, esto es, por
convicción y no por cálculo, que es como hay que entender su sugerencia de
invitar no a los que pueden devolvernos el favor, sino a los que, justamente,
no pueden hacerlo.
Y todo esto significa que el enaltecimiento al que
aspiramos no está condicionado por las convenciones sociales. Siendo discípulos
de Cristo, aspiramos a ser enaltecidos, esto es, a elevarnos, pero a una altura
que está infinitamente por encima de las posibilidades humanas. Es lo que
expresa tan bellamente la segunda lectura: “Vosotros os habéis acercado al
monte de Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a millares de ángeles
en fiesta, a la asamblea de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios,
juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al
Mediador de la nueva alianza, Jesús”.
La sublimidad de este enaltecimiento nos dice que se trata de un don y que sólo puede alcanzarse como una gracia. Dios no quiere solo levantarnos, sino hacerlo incluso a una altura que está muy por encima de nuestras fuerzas. De hecho este don gratuito nos abre los ojos para comprender un último y esencial aspecto de esta dinámica de humillación y enaltecimiento. Cuando, a partir de nuestra pobreza reconocida, vamos creciendo y alcanzando nuestra propia realización, descubrimos que nuestras conquistas no son un mérito exclusivo, sino que, al mismo tiempo, estamos en deuda con muchísimas personas que nos ha ayudado en el camino. El enaltecimiento de que hablamos, el verdaderamente humano, evita así el peligro del orgullo de creerse autor exclusivo de la propia vida. No es así, por mucho que hayamos progresado (en el saber, la habilidad, la virtud…), siempre deberemos reconocer que mucho se lo debemos a tantas personas que nos han ayudado en el camino, que han sido también instrumentos de la gracia de Dios: el verdadero enaltecimiento al que nos llama Dios por medio de Jesucristo está grávido de gratitud. Y, por eso mismo, nos abre a la humildad de inclinarnos ante los demás para ayudarlos también a ellos, para que puedan ponerse en pie, si están postrados, para que puedan desarrollarse y crecer, si están simplemente en camino.
La sublimidad de este enaltecimiento nos dice que se trata de un don y que sólo puede alcanzarse como una gracia. Dios no quiere solo levantarnos, sino hacerlo incluso a una altura que está muy por encima de nuestras fuerzas. De hecho este don gratuito nos abre los ojos para comprender un último y esencial aspecto de esta dinámica de humillación y enaltecimiento. Cuando, a partir de nuestra pobreza reconocida, vamos creciendo y alcanzando nuestra propia realización, descubrimos que nuestras conquistas no son un mérito exclusivo, sino que, al mismo tiempo, estamos en deuda con muchísimas personas que nos ha ayudado en el camino. El enaltecimiento de que hablamos, el verdaderamente humano, evita así el peligro del orgullo de creerse autor exclusivo de la propia vida. No es así, por mucho que hayamos progresado (en el saber, la habilidad, la virtud…), siempre deberemos reconocer que mucho se lo debemos a tantas personas que nos han ayudado en el camino, que han sido también instrumentos de la gracia de Dios: el verdadero enaltecimiento al que nos llama Dios por medio de Jesucristo está grávido de gratitud. Y, por eso mismo, nos abre a la humildad de inclinarnos ante los demás para ayudarlos también a ellos, para que puedan ponerse en pie, si están postrados, para que puedan desarrollarse y crecer, si están simplemente en camino.
La humildad que nos enaltece la descubrimos, al fin y al
cabo, en la humillación de la Cruz, en la que Jesús dio la vida para
levantarnos a todos de la suprema humillación y postración: la del pecado y la
muerte. Y esta dinámica de humillación y enaltecimiento la podemos realizar en
nuestra vida cotidiana haciendo nuestro el espíritu de Jesús, de entrega
generosa a nuestros hermanos, a los que cedemos gustosos los primeros puestos,
y de los que nos hacemos humilde y libremente servidores. Como María: “he aquí
la esclava del Señor” (Lc 1, 38), como el mismo Cristo Jesús: “Yo estoy en
medio de vosotros como el que sirve” (Lc 22, 27).
ORACION DE LOS FIELES
1.
Por la
Iglesia, para con el impulso del Espíritu Santo testimonie la fe en la caridad
siendo casa y escuela de comunión de todos los hombres y mujeres de cualquier
clase y condición.
Roguemos al Señor.
2.
Por los
gobernantes del mundo, para que trabajen por una sociedad donde no se discrimine
ni excluya a ningún ciudadano y ciudadana, donde impere la fraternidad, la
justicia y la paz .
Roguemos al Señor.
3.
Por los
pobres, los desempleados, los que sufren, por cualquier causa de exclusión para
que encuentren en nosotros el testimonio del amor de Dios que nunca los
abandona.
Roguemos al Señor.
4.
Por las
familias y comunidades para que en ellas surjan las vocaciones al sacerdocio y
a la vida consagrada que necesita la Iglesia y el mundo de hoy,
Roguemos al Señor.
5.
Por todos
nosotros, por nuestras familias, por nuestra Hermandad, para que, fortalecidos
con la gracia del Señor, seamos testigos auténticos, y que aunque la puerta al
cielo es estrecha nos ayude a entrar por ella.
Roguemos al Señor.
Escucha Dios Padre Nuestro, las
peticiones que te hemos dirigido y las que quedan en nuestros corazones. Te lo
pedimos por Jesucristo, tu Hijo y Nuestro Señor, que vive y reinas contigo en
la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
Amen.
30 ago 2013
CORONACIÓN CANONICA A NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA
Desde nuestro Blog, queremos hacernos eco del sentir de nuestra Hermandad y enviar una cordial y fraternal felicitación a la Hermnadad de la Sentencia por la próxima CORONACIÓN CANÓNICA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA, la cual tendrá lugar en un solemne pontifical presidido por nuestro Obispo D. José Mazuelos el próximo día 14 de Septiembre.Desde esta misma semana comienzan una serie de actos destinados a engrandecer a la Santísima Virgen que, bajo la advocación de NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA, será la depositaria del sentir devocional de una hermandad, de un barrio, en torno hacia la figura de la Virgen Santísima.
NUESTRA FELICITACIÓN Y NUESTRA ENHORABUENA a la Hermandad y a todos sus hermanos por tan glorioso y jubiloso acontecimiento.
25 ago 2013
COMO CADA DOMINGO TRAEMOS EL EVANGELIO PARA LA LECTURA, ORACIÓN Y REFLEXIÓN DE NUESTROS HERMANOS
|
|
EVANGELIO DEL DOMINGO
|
25 de Agosto de 2013
XXI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO
(C)
Lucas, 13, 22-30
|
+Lectura de la Buena Noticia según San Lucas
En aquel tiempo,
Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando.
Uno le
preguntó:- Señor, ¿serán pocos los que se salven?
Jesús les dijo:
- Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán
entrar y no podrán.
Cuando el amo de
la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la
puerta diciendo. «Señor, ábrenos» y él os replicará: «No sé quiénes sois».
Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado
en nuestras plazas». Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí,
malvados».
Entonces será el
llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a
todos los profetas en el Reino de Dios y vosotros os veáis echados fuera. Y
vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur, y se sentarán a la mesa en
el Reino de Dios.
Mirad: hay
últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.
Palabra
del Señor.
DIFUNDE
EL EVANGELIO - ¡¡PASALO!!
COMENTARIO
El Evangelio comienza con una pregunta de uno de los
oyentes, a Jesús. Este oyente de Jesús, debe de ir siguiéndolo en su camino a
Jerusalén. Escuchando y reflexionando las enseñanzas de Jesús. Debe de sentirse
un poco agobiado, por que va aprendiendo que la salvación, es el encuentro con
Dios en la tierra, y este agobio le lleva a preguntar: " Señor, ¿ serán
pocos los que se salven ?.
Lógicamente en esta pregunta está la clave del Evangelio de este domingo. El que le pregunta a Jesús, le pregunta por la cantidad; es decir " cuantos se van a salvar ". Pero si leemos detenidamente el Evangelio, veremos como Jesús le da la vuelta a la pregunta y no contesta cantidad ninguna, sino que plantea no " cuantos ", sino " como debemos de actuar para salvarnos ". La llamada de Jesús es fuente de exigencia, pero no de angustia.
Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Jesús es
consciente de nuestra debilidad humana y no nos pide que seamos supermanes.
Solo nos pide que nos ESFORCEMOS, o sea que cada día intentemos seguir su
mensaje de amor a Dios y al prójimo. Que el esfuerzo no es el comer y ver con
Él en la Eucaristía y el hablar de su mensaje, y el rezo piadoso de rosarios y
novenas. No, todo lo anterior debe ser la celebración con Él en la Eucaristía y
en la Oración, del esfuerzo de vivir como Él en la construcción del Reino de
Dios.
En este seguimiento a Jesús, no todo vale, no todo da igual; hemos de responder al amor del Padre con fidelidad. Lo que Jesús pide no es rigorismo legalista de tradiciones y dogmas, sino amor radical a Dios y al hermano. Por eso, su llamada es fuente de exigencia, pero no de angustia. " los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos ".
El seguimiento de Jesucristo es a través de la puerta
estrecha, pero con una gran ventaja, que esa puerta siempre esta ABIERTA. No
seamos nosotros, quien se la cerremos a los demás por ser los primeros.
ORACION DE LOS FIELES
1.
Por la
Iglesia, para con el impulso del Espíritu Santo testimonie la fe en la caridad
siendo casa y escuela de comunión de todos los hombres y mujeres de cualquier
clase y condición.
Roguemos al Señor.
2.
Por los
gobernantes del mundo, para que trabajen por una sociedad donde no se discrimine
ni excluya a ningún ciudadano y ciudadana, donde impere la fraternidad, la
justicia y la paz .
Roguemos al Señor.
3.
Por los
pobres, los desempleados, los que sufren, por cualquier causa de exclusión para
que encuentren en nosotros el testimonio del amor de Dios que nunca los
abandona.
Roguemos al Señor.
4.
Por las
familias y comunidades para que en ellas surjan las vocaciones al sacerdocio y
a la vida consagrada que necesita la Iglesia y el mundo de hoy,
Roguemos al Señor.
5.
Por todos
nosotros, por nuestras familias, por nuestra Hermandad, para que, fortalecidos
con la gracia del Señor, seamos testigos auténticos, y que aunque la puerta al
cielo es estrecha nos ayude a entrar por ella.
Roguemos al Señor.
Escucha Dios Padre Nuestro, las
peticiones que te hemos dirigido y las que quedan en nuestros corazones. Te lo
pedimos por Jesucristo, tu Hijo y Nuestro Señor, que vive y reinas contigo en
la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
Amen.
18 ago 2013
COMO CADA DOMINGO TRAEMOS EL EVANGELIO PARA LA LECTURA, ORACIÓN Y REFLEXIÓN DE NUESTROS HERMANOS
|
|
EVANGELIO DEL DOMINGO
|
18 de Agosto de 2013
XX DOMINGO TIEMPO ORDINARIO (C)
Lucas, 12, 49-53
|
+Lectura de la Buena Noticia según San Lucas
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He
venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que
pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he
venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de
cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el
padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la
hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»
Palabra del Señor.
COMENTARIO
¿No es acaso Jesucristo el Príncipe de la Paz? ¿No ha
venido al mundo a reconciliarnos con Dios y entre nosotros, a extender el
perdón, a renovar nuestras relaciones por medio del mandamiento del amor? ¿Cómo
entender entonces las expresiones tan duras y aparentemente contradictorias con
esos ideales que resuenan en el evangelio de hoy?
En realidad, no hay aquí contradicción alguna, sino, al
contrario, una lógica profunda. Todas las enseñanzas de las semanas pasadas
sobre la oración, la verdadera riqueza, la responsabilidad, la fidelidad y el
servicio desembocan hoy en la llamada apremiante de Jesús a realizar una
decisión radical relativa a su propia persona. Y es que no se pueden reducir
aquellas enseñanzas a una “doctrina moral”, sobre “valores” en general, sino
que son aspectos y dimensiones de un mensaje de Verdad y Salvación que se
concentra en la persona de Jesús. Por eso, la decisión fuerte a la que nos
llama es a elegirlo a él como Señor y Mesías, a hacer de él y del seguimiento
de su persona el eje real de nuestra existencia. Se trata de una decisión
radical porque no admite medias tintas: si no lo elegimos, entonces lo estamos
rechazando. Es una elección de fe, pero que se expresa y refleja en todas las
facetas esenciales de nuestra existencia: la relación con el prójimo, la
existencia consciente y en vela, la responsabilidad y la disposición al
servicio. En todas ellas se expresa la actitud de escucha y acogida de su
palabra y su persona (de la Palabra encarnada que es su persona), por la que no
insertamos en su relación filial con el Padre. La decisión es radical porque,
en definitiva, todas estas actitudes se resumen en una: la disposición a dar la
vida. Eso es precisamente lo que está haciendo Jesús: una vida consagrada a su
Padre y al bien de sus hermanos, y que culmina en un “bautismo”, que no puede
no generar tensión y angustia: su muerte en Cruz, el fuego purificador de un
amor total que vence al pecado y a la misma muerte.
Jesús no es un Maestro “blando”, que ha venido a traernos
azúcar para edulcorar falsamente las durezas de la vida. Realmente, edulcorando
la imagen que nos hacemos de él, estamos falseándolo, a él y a su mensaje.
Jesús, Maestro y Mesías, es un hombre de decisiones fuertes, que comportan
renuncias difíciles. Eligiendo el camino de la Cruz, no eludiendo las
dimensiones más duras y oscuras de la vida humana, consecuencia del pecado y
del alejamiento de Dios, Jesús está haciendo suyas esas renuncias que suponen
rechazar los falsos caminos de salvación, esos que con tanta insistencia se nos
proponen cada día: el mero disfrute de la vida, como el único bien posible, y,
en consecuencia, la riqueza, el egoísmo, exclusión de los “otros”, y, si se
tercia, la violencia como medio eficaz de defensa y autoafirmación. Igual que
existe una imagen blanda (y falsa) de Jesús y del cristianismo, que quiere
evitar todo conflicto por medio de un irenismo imposible, que evita molestar a
nadie, existe un pacifismo igualmente blando, el pacifismo de los débiles lo
llamaba el filósofo católico E. Mounier, que tras el “no a la guerra”, el “no
quiero matar” y “la paz a cualquier precio”, deja oír la voz temblorosa que
dice: “a mí que no me maten” y “mi vida a cualquier precio”. Aquí la paz
significa, más o menos, “que me dejen en paz”, no estoy dispuesto a dar la vida
por nada.
Si Jesús es el Príncipe de la Paz lo es, ciertamente, de
otra manera, encarnando el ánimo sereno de morir sin matar, como también decía
Mounier, el pacifismo de los fuertes. Porque la disposición a dar la vida por
la Verdad y el Bien supone un ánimo fuerte y la capacidad de tomar decisiones
difíciles, incluso si eso provoca conflictos y riesgos para la propia
tranquilidad y bienestar. De esos conflictos habla Cristo hoy, cuando se refiere
a la división y la espada que ha venido a traer a la tierra. La elección de fe,
la decisión de seguirle hasta el final implica con frecuencia ir contra
corriente, atraerse la enemistad del entorno, pues esas decisiones son, al
mismo tiempo, una denuncia difícil de soportar. No es raro escuchar voces
prudentes (falsamente prudentes) que nos dicen que no hay que tomarse las cosas
tan a pecho, que no hay que exagerar, que hay cosas que todo el mundo hace, que
no hay que ir dando la nota y distinguiéndose de los demás. Son invitaciones a
adaptarse, a acomodarse, a no ser fiel a uno mismo y a la propia conciencia,
sino a seguir los criterios del mundo circundante, dominado por opiniones
comunes, con frecuencia vulgares, dictadas además por intereses más o menos escondidos
y no siempre limpios.
Es natural que Jesús hable hoy de fuego, de espada y de
división. Nos está llamando a una libertad suprema, capaz de realizar esa
decisión de fe, que supone tantas veces romper con el ambiente que nos rodea,
caminar contra corriente y afrontar la enemistad incluso de los más cercanos.
Puede ser que ante una encrucijada semejante sintamos
vértigo y temor. Pero tenemos que saber que en este camino no estamos solos:
como nos dice el autor de la carta a los Hebreos, una nube ingente de testigos
nos rodea, nos da ejemplo, nos ayuda a desembarazarnos de lo que nos estorba
(el pecado de egoísmo, de pereza, de vulgaridad, que nos ata) para correr en la
carrera que nos toca (precisamente a cada uno, pues cada cual tiene si propio
camino y su propia cruz), sin retirarnos, siendo fieles a nuestra auténtica
vocación, aunque ello comporte sinsabores, dificultades, incomprensión o
conflictos. Uno de esos testigos es el profeta Jeremías, que hizo de su vida
entera un testimonio de compromiso con una verdad incómoda, que sus
compatriotas no estaban dispuestos a aceptar, seducidos como estaban por falsas
seguridades. Jeremías fue fiel hasta la muerte en medio de muchas
incomprensiones y persecuciones. Jeremías y toda la ingente nube de testigos
(todos los patriarcas, profetas, apóstoles, mártires, todos los santos a lo
largo de toda la historia) apuntan a Cristo, que renunciando al gozo inmediato
soportó la cruz. Jesús, y con él todos los que dan testimonio de él, nos anima
y da fuerza para no temer, pues, como dice de nuevo la carta a los Hebreos,
“todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado”, que
es lo mismo que decir, que no debemos hacernos los mártires antes de tiempo,
pero debemos estar dispuestos a serlo si llegara el caso.
De todos modos, pueden surgir dudas en nosotros: ¿cómo
tomar decisiones, incluso si se trata de la decisión de fe, contra los
más cercanos, a los que más queremos? A esto hay que oponer que la decisión por
la fe y el seguimiento de Cristo, si bien puede resultar conflictiva con el
entorno, no es una decisión contra nadie, sino a favor de todos, hasta
de aquellos con los que chocamos. Pues quien sigue a Jesús está dispuesto a dar
la vida también por los enemigos. Tomar la decisión de seguir a Jesús es
beneficioso no sólo para el que la realiza, sino también para los que se oponen
a ella. En esta semana hemos celebrado la memoria de los beatos mártires
claretianos de Barbastro y del P. Maximiliano Kolbe: dieron su vida por Cristo
y por sus hermanos, perdonando a sus verdugos y orando por ellos; y, aunque no
sepamos cómo, podemos estar seguros que ese perdón y esa oración fueron
eficaces también para aquellos. Por tanto, la decisión radical y difícil a
favor de Cristo, de su Palabra y de su persona, es, al mismo tiempo, una
decisión a favor de la autenticidad de la propia vida y de los valores que
ennoblecen y salvan la vida humana, una decisión que aumenta el caudal de
Verdad, Bien y Justicia en nuestro mundo y que redunda en bien de todos,
incluso de los que, por los más variados motivos, se oponen a nuestra elección.
ORACION DE LOS FIELES
1.- 1. Por nuestra Madre la Iglesia: para
que sea un hogar de misericordia, abierto a todos los que sufren en el cuerpo o
en el espíritu.
OREMOS AL SEÑOR
2. Por los profetas, por los que anuncian el
Evangelio y por los que luchan por un mundo más justo: para que no se
desanimen frente a las dificultades y reciban de Dios la fortaleza que
necesitan para seguir adelante.
OREMOS AL SEÑOR
3. Por los mediocres, los conformistas y los
tibios: para que sean transformados por el fuego de la Palabra de Dios.
OREMOS AL SEÑOR
4. Por los niños y jóvenes que inician
un nuevo ciclo escolar: para que alcancen un crecimiento humano y
espiritual.
OREMOS AL SEÑOR
5. Por nuestros difuntos: para que
gocen de la alegría de haber alcanzado la meta y el premio de la gloria.
OREMOS AL SEÑOR
6. Por nosotros: para que siempre sepamos
encontrar momentos de paz, de reflexión y de oración para alimentar nuestra fe.
OREMOS AL SEÑOR
Escucha Dios Padre Nuestro, las
peticiones que te hemos dirigido y las que quedan en nuestros corazones. Te lo
pedimos por Jesucristo, tu Hijo y Nuestro Señor, que vive y reinas contigo en
la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
Amen.
15 ago 2013
10 ago 2013
TRAEMOS A ESTAS PAGINA EL EVANGELIO DEL DOMINGO PARA LA LECTURA ORACIÓN Y REFLEXIÓN DE NUESTROS HERMANOS
|
|
EVANGELIO DEL DOMINGO
|
11 de Agosto de 2013
XIX DOMINGO TIEMPO ORDINARIO
(C)
Lucas, 12, 32-48
|
+Lectura de la Buena Noticia según San Lucas
Dijo Jesús a sus discípulos: " No temas,
pequeño rebaño; porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino. Vended
vuestros bienes, y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un
tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la
polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que
aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame.
Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentra en vela: os
aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si
llega entrada la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no lo
dejaría abrir un boquete. lo mismo vosotros estad preparados, porque a la hora
que menos penséis, viene el Hijo del Hombre. Pedro le preguntó: " Señor, ¿
has dicho esa parábola por nosotros o por todos ?" El Señor le respondió:
" ¿ Quién es el administrador fiel y solícito a quien al amo ha puesto al
frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas ?. Dichoso
el criado a quien su amo al llegar lo encuentra portándose así. Os aseguro que
lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: " Mi
amo tarda en llegar ", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas,
a comer y beber y emborracharse; llegará el amo de ese criado el día y a la
hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no
son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a
ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo
digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá;
al que mucho se le confió, más se le exigirá ".
Palabra del Señor.
COMENTARIO
En tiempo de vida
de Jesús, los seguidores de Él, creían que el Reino de Dios iba a ser una cosa
inminente. Tras la muerte de Jesús, todo esto se desvanece. Es más, las
primeras comunidades esperaban la venida inmediata de Cristo. Este hecho, hace
que posiblemente el evangelista, escriba este pasaje de su experiencia personal
en Cristo resucitado, con el fin de mantener viva la esperanza en la comunidad.
Por eso, el pasaje parece ser que tiene un tono algo amenazador. Por que
posiblemente estas palabras no las dijera Jesús, pues creo que Jesús no
utilizaría ese tono amenazador que a primera vista desprende el evangelio. Ni
creo que Jesús dijera estas palabras para tenernos asustados y en un sin vivir constante
en la vida. Pues Jesús, lo que nos enseñaban es a vivir en la confianza de Dios
y no en el miedo a Dios. Y Dios es nuestra felicidad y la felicidad que
transmitimos a los demás: " Porque donde está vuestro tesoro, allí estará
también vuestro corazón ".
El evangelista lo
que nos quiere enseñar, tras su experiencia en Cristo y en la comunidad, es que
Jesús nos pide que el Reino que el Padre nos ha enviado, comenzó con Él, pero
somos nosotros los que tenemos que seguir trabajando para terminar su construcción
y para eso " Tenemos que ceñirnos la cintura ", es decir tenemos que
actuar diariamente en la construcción del Reino, en nuestro entorno familiar,
religioso y laboral. Y es, en estos sitios donde tenemos que tener "
encendida la lámpara "; es decir, nosotros tenemos que ser la luz de
Cristo, que ilumina en esos ambientes sociales. Pero luz en función de los
signos de los tiempos, aquí es donde tenemos que estar en alerta. No pedemos
seguir en la oscuridad, en la noche, en lo pasado, en las tradiciones, en la
pasividad. Tenemos que vivir con lucidez y responsabilidad en función de los
dones y bienes que se nos han dado, en los momentos en que vivimos, sin pensar
que tiempos pasados fueron mejores.
Esta misma idea,
debe permanecer en la comunidad, en la Iglesia. Tenemos que ceñirnos la túnica
y arremangarnos las mangas para despertar nuevos caminos de encuentro entre los
que permanecemos en ella y entre los que nos abandonaron. Debemos de encender
las lámparas, con luz nueva, viva, brillante, que despierten la pasividad que
todos hemos tenido en la Iglesia. Especialmente en los laicos, donde nuestra
pasividad forzada posiblemente por la jerarquía, durante muchos años, no nos ha
hecho ver que posiblemente y con toda seguridad somos los nuevos fermentos de
las comunidades y del Nuevo Pueblo de Dios.
ORACION DE LOS FIELES
1.- Por el Papa Francisco,
obispos, sacerdotes, diáconos y todos los consagrados y consagradas al Señor,
para que su fe sea cada día más fuerte y esperanzadora.
OREMOS AL SEÑOR
2.- Por los gobernantes de
las naciones, para que cada día se empeñen más en socorrer a los más
necesitados.
OREMOS AL SEÑOR
3.- - Para que el Señor
ilumine nuestros ojos para que podamos reconocerle en los acontecimientos y
sobre todo en los necesitados.
OREMOS AL SEÑOR
4.-
Para que el Señor fortalezca nuestra esperanza en el futuro de la humanidad,
para que nunca falte la fe y el amor.
OREMOS AL SEÑOR
5.-
Para que nuestra vida siempre este apoyada en los valores permanentes de su
Reino y no en los bienes que perecen.
OREMOS AL SEÑOR
6.-
Por nuestra Hermandad, para que esta siga siendo esperanza para todos aquellos
que buscan el Reino de Dios y su justicia.
OREMOS AL SEÑOR
7.-
Por todos nosotros y nuestras familias para que cada día nos preocupemos más en
cumplir los compromisos que hemos asumido con el Reino y así seamos esperanza para
los más necesitados de nuestras comunidades.
OREMOS AL SEÑOR
Escucha Dios Padre Nuestro, las
peticiones que te hemos dirigido y las que quedan en nuestros corazones. Te lo
pedimos por Jesucristo, tu Hijo y Nuestro Señor, que vive y reinas contigo en
la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
Amen.
28 jul 2013
TRAEMOS EL EVANGELIO DEL DOMINGO PARA LA LECTURA, ORACIÓN Y REFLEXIÓN DE NUESTROS HERMANOS
|
|
EVANGELIO DEL DOMINGO
|
28 de Julio de 2013
XVII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO
(C)
Lucas, 11, 1-13
|
+Lectura de la Buena Noticia según San Lucas
Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: "Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos".
El les dijo entonces: "Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino; danos cada día nuestro pan cotidiano; perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación".
Jesús agregó:
"Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a
medianoche, para decirle: 'Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos
llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle', y desde adentro él le responde:
'No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos
acostados. No puedo levantarme para dártelos'.
Yo les aseguro
que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al
menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario. También les
aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque
el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.
¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan".
Palabra del Señor.¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan".
COMENTARIO
El Evangelio de hoy nos da una gran lección para nuestra vida cristiana: la importancia de la oración. “¿Rezar? Uy, eso está ya muy antiguo”. “Eso de rezar es para monjas y beatos”. “Yo rezo sólo cuando estoy en apuros”. “Yo no rezo desde que era pequeño, cuando mi madre me enseñó aquello de -Jesusito de mi vida-“. Son frases que todos hemos escuchado incluso de labios de gente que se dice cristiana. Y es que eso de rezar… a veces se convierte en algo difícil. ¿Cómo rezar? ¿Qué decir? Orar no fue fácil ni para los discípulos de Jesús. Ellos mismos le piden al Señor que les enseñe a hacerlo. El evangelista San Lucas, que nos presenta a Jesús orando infinidad de veces a Dios Padre, hoy nos pone por delante a Jesús enseñando a los suyos a orar. “Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”. Aquella fue la petición de los discípulos. La respuesta de Jesús fue la oración del Padrenuestro. Pero además Jesús les anima a orar con confianza en que Dios es Padre de todos, y es Padre bueno. “¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden!”
Sin oración, sin ese trato asiduo, tranquilo y confiado
con quien sabemos que nos quiere –como decía Santa Teresa- …no hay vida
cristiana. Que nuestra oración no sea un mero trato de conveniencia que nos
acerca a Dios sólo para pedir, cuando nos hace falta algo. Que nuestra oración
sea ante todo un ponernos al servicio de los planes de Dios, que nos compromete
con los hermanos y con la búsqueda de la justicia y la paz. Conscientes de
nuestras debilidades y limitaciones, acerquémonos cada día a Dios, para
dejarnos modelar por Él. En medio de tantos quehaceres y agobios, hagámosle un
hueco a Dios en nuestra agenda diaria, con confianza y sin prisas. ¿Se lo
hacemos hoy domingo? ¡Feliz día del Señor!
ORACION DE LOS FIELES
1.
Padre Nuestro, acompaña a nuestro Papa Francisco para que gobierne a este
pueblo numeroso que es la Iglesia. Y especialmente en estas horas de JMJ de
Rio.
OREMOS
2. –
Padre Nuestro, acompaña a nuestros gobernantes y políticos para que sepan
discernir el bien del mal y contribuyan al desarrollo de los pueblos.
OREMOS
3. –
Padre Nuestro, acompaña a todos aquellos que llamaste a servirte, para que
perseverando en el amor sean glorificados en tu Reino.
OREMOS
4. –
Padre Nuestro, acompaña y fortalece a aquellos que aún no han encontrado fe,
para que estén atentos a tus palabras y descubran ese tesoro que llevan dentro.
OREMOS
5. –
Padre Nuestro, acompaña a todos los vendedores y hombres de negocios para que
no se dejen arrastran por los “tesoros” de este mundo.
OREMOS
6. –
Padre Nuestro, acompaña a los que disfrutan de un tiempo de calma para que
durante este descanso redescubran el tesoro de las relaciones personales.
OREMOS
7. –
Padre Nuestro, acompaña a todos los que estamos presente en esta Eucaristía
para que un día disfrutemos del Banquete que nos tienes preparado.
Señor,
siempre atento a nuestras necesidades, deseamos que estas súplicas sean bien
recibidas por Ti, Dios Padre Nuestro, con la seguridad de que Tú siempre
escuchas a tus hijos. Y te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amen.
14 jul 2013
EVANGELIO DEL DOMINGO PARA LA LECTURA, ORACIÓN Y REFLEXIÓN DE NUESTROS HERMANOS
|
|
EVANGELIO DEL DOMINGO
|
14 de Julio de 2013
XV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO (C)
Lucas, 10, 25-37
|
+Lectura de la Buena Noticia según San Lucas
Un maestro de la Ley, que quería ponerlo a prueba, se levantó y le dijo: «Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?»
Jesús le dijo: «¿Qué está escrito en la Escritura? ¿Qué lees en ella?»
El hombre contestó: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y amarás a tu prójimo como a ti mismo.»
Jesús le dijo: «¡Excelente respuesta! Haz eso y vivirás.»
El otro, que quería justificar su pregunta, replicó: «¿Y quién es mi prójimo?»
Jesús empezó a decir: «Bajaba un hombre por el camino de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos bandidos, que lo despojaron hasta de sus ropas, lo golpearon y se marcharon dejándolo medio muerto.
Por casualidad bajaba por ese camino un sacerdote; lo vió, dio un rodeo y siguió.
Lo mismo hizo un levita que llegó a ese lugar: lo vio, dio un rodeo y pasó de largo.
Un samaritano también pasó por aquel camino y lo vio, pero éste se compadeció de él.
Se acercó, curó sus heridas con aceite y vino y se las vendó; después lo montó sobre el animal que traía, lo condujo a una posada y se encargó de cuidarlo.
Al día siguiente sacó dos monedas y se las dio al posadero diciéndole: «Cuídalo, y si gastas más, yo te lo pagaré a mi vuelta.»
Jesús entonces le preguntó: «Según tu parecer, ¿cuál de estos tres se hizo el prójimo del hombre que cayó en manos de los salteadores?»
El maestro de la Ley contestó: «El que se mostró compasivo con él.» Y Jesús le dijo: «Vete y haz tú lo mismo.»
Palabra
del Señor.
COMENTARIO
En los relatos evangélicos aparece Jesús
que enseña con obras y palabras. Hay palabras que son toda una obra, porque
introducen en la vida una novedad que desbarata la visión alicorta y mezquina
con la que tantas veces nos podemos mover. Se trata de una comparación, de una
parábola, pero la vida entera cabe dentro de su relato. Este domingo la Iglesia
nos proclama uno de los evangelios que Ch. Péguy calificaba como
“desvergonzados” porque parece que Dios pierde la vergüenza al mostrarnos su
corazón. De maestro a maestro, un letrado va hasta Jesús, no para aprender de
Él sino “para ponerlo a prueba”. Un falso interés, vino a desvelar su más crasa
ignorancia: “¿quién es mi prójimo?”. Entonces Jesús contará la conmovedora
parábola del buen samaritano.
Hay un hombre
malherido, medio muerto por una paliza bandida. Sobre ese cruel escenario van a
ir pasando diferentes personajes poniendo de manifiesto la calidad de su amor,
la caridad de su corazón. En este ejemplo de Jesús, se puso bien a las claras
hasta qué punto la “ley puede matar”, cómo hay cumplimientos que son sólo
torpes evasiones: cumplo y miento.
El último personaje
ante el escenario común, será un samaritano, alguien que no entiende de leyes,
ni de distingos. Se topa con un pobre maltratado y... no sabe más. Alguien que
seguramente jamás se había planteado qué había que hacer para heredar la vida
eterna, pero que sería el único de los actores que había entendido la Ley.
Observemos los
verbos empleados: llegó a donde estaba él, lo vio, sintió lástima, se acercó,
le vendó las heridas, lo montó en su cabalgadura, lo llevó a una posada, lo
cuidó, pagó los gastos... ¿No recuerdan estos verbos las actitudes del padre
de la parábola del hijo pródigo?: estando todavía lejos, le vio su padre, se conmovió,
corrió hacia él, se echó a su cuello, le besó efusivamente e hizo fiesta en su
honor.
Aquel samaritano fue para su hermano prójimo lo que este padre para su hijo
pródigo. Nosotros, conocedores de la revelación de la misericordia que se nos
ha manifestado en Jesucristo, podemos correr el riesgo de no entender nada del
cristianismo, si al preguntarnos legítimamente sobre qué hacer para heredar el
cielo, lo hacemos evadiéndonos de la tierra, del dolor de Dios que Él quiere
sufrir en tantos de sus hijos pobres, enfermos, marginados, torturados,
expatriados, asesinados, silenciados... Ser cristiano es tener la entraña de
Dios, es decir, vivir con misericordia. Ser prójimo, en cristiano, es
practicar la misericordia con cada próximo, sea quien sea. Y Jesús añadió, y
hoy nos añade a nosotros: anda, haz tú lo mismo. Es lo que cada uno de nosotros
debería poder escuchar.
+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofmArzobispo de Oviedo
ORACION DE LOS FIELES
1.- Te pedimos, Padre, por el
Papa, por los obispos, los sacerdotes, para que en esa entrega generosa de su
vida veamos todos, la entrega por Amor de Cristo a su Iglesia.
OREMOS
2.- Te pedimos, Padre, por
todos los pueblos que viven en la miseria, los desplazados los que viven en
guerra, los que pasan necesidad, para que los países más desarrollados hagan
llegar las ayudas necesarias para su desarrollo.
OREMOS
3.- Por todos los que
comienzan en estos días sus vacaciones, especialmente los niños y jóvenes, para
que aprovechen este tiempo de relax en intensificar su amistad con Cristo.
OREMOS
4.- Por los enfermos, por los
que se enfrentan a una operación, o aquellos que están convalecientes para que
la ayuda del Señor les haga más llevadero este tiempo.
OREMOS
5.- Por los matrimonios
cristianos, para que sepan cargar con la cruz de Cristo y no se aten a otras
cargas mucho más pesadas, aunque no lo parezcan.
OREMOS
6.- Por nosotros, que
compartimos la Eucaristía, para que este sacramento nos haga cada día más
cercanos a Cristo y al prójimo.
OREMOS
Señor,
siempre atento a nuestras necesidades, deseamos que estas súplicas sean bien
recibidas por Ti, Dios Padre Nuestro, con la seguridad de que Tú siempre
escuchas a tus hijos.
Y te lo pedimos por Cristo nuestro
Señor.
Amen.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





