17 sept 2013

FELICIDADES HERMANOS

Nuestra Hermandad quiere felicitar muy cordial y fraternalmente a la Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y Nuestra Señora de la Esperanza de la Yedra por todos los actos desarrollados durante estos últimos días con motivo de la Coronación Canónica de NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA, especialmente por la solemnidad de la celebración de la Santa Misa Pontifical y la Gloriosa procesión de regreso a su sede.
Manifestamos y compartimos con nuestros hermanos de esa Hermandad nuestra inmensa alegría por este extraordinario acontecimiento en honor de la Santísima Virgen, por la que también compartimos nuestros amor y devoción hacia la Madre de Dios en cualquiera de sus advocaciones de ESPERANZA Y ESTRELLA.
¡¡¡MUCHAS FELICIDADES, QUERIDOS HERMANOS Y ENHORABUENA!!!!

16 sept 2013

HOY COMIENZA LA NOVENA A LA PATRONA DE NUESTRA CIUDAD, NUESTRA MADRE DE LA MERCED

Hoy, lunes día 16, y dedicado a las Hermandades del Domingo de Ramos, comienza, a partir de las 8 de la tarde con el rezo del Santo Rosario y ejercicio y celebración Eucaristica, la Novena dedicada a la Patrona de nuestra Ciudad, Nuestra Madre y Señora de la Merced, a la cual invitamos a todos nuestros Hermanos a que se unan a esta celebración.

15 sept 2013

COMO TODOS LOS DOMNINGOS, TRAEMOS EL EVANGELIO, PARA LA LECTURA, ORACION Y REFLEXIÓN DE NUESTROS HERMANOS




EVANGELIO DEL DOMINGO

15 de Septiembre de 2013
XXIV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO (C)
Lucas, 15, 1-32


+Lectura de la  Buena Noticia según San Lucas
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola: «Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: "¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido." Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: "iFelicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido." Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.
También les dijo: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba comer. Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros." Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebramos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado." Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tu bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado." El padre le dijo: "Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."»
Palabra del Señor.

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COMENTARIO

    
Todo el capítulo 15 del evangelio de Lucas está dedicado a explicar la postura de dios ante “los perdidos”. Para ello, Lucas agrupa tres parábolas de Jesús: la oveja perdida, la moneda perdida, y el hijo perdido.

La idea central de todo el capítulo es que el Padre de Jesús no mira a los pecadores como “perversos”, sino que los ve como “perdidos”, como algo muy querido que se extravía. El Dios de Jesús no juzga, no rechaza, no censura ni echa en cara nada de nada. El Padre, que nos revela Jesús, siempre comprende, acoge y se alegra, sea cual sea el extravío del perdido
.
Todo lo contrario de lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo en las religiones, donde se utiliza el potentísimo instrumento del pecado, para presionar las conciencias de los que nos creemos nosotros “perdidos”.

Jesús rompió con todo esto. Se hizo amigo de pecadores y perdidos. Por eso escandalizó tantos a los señores de la religión. Pero como consecuencia de ese comportamiento, nos abrió las puertas de la esperanza y de la bondad.

Llevemos este mensaje a la actualidad de hoy. 

Estamos continuamente pensando, en que nuestros templos están cada vez más vacio y que son cada vez menos los jóvenes que se acercan a la Iglesia. Y que desgraciadamente, también son muchos los que estado muy comprometidos, han decidido salirse y dejarnos.
Pero, ¿ cuál es nuestra postura ?. Vamos en busca de ellos, a ofrecerle el amor de Dios Padre, el amor de Jesús, sin tener encuentra nada de lo que posiblemente haya pasado. O por el contrario nos dedicamos más a conservar lo que tenemos, con el miedo de perderlo, sin arriesgarnos en la búsqueda.

Por otro lado hemos pensado posiblemente, si iluminamos nuestras comunidades eclesiales con la luz del evangelio teniendo encuentra los signos de los tiempos. Hemos pensado tal vez que deberíamos barrer y limpiar todas aquellas barreras que pueden separarnos de nuestros hermanos que se encuentran fuera de la comunidad. Barrer y limpiar con la luz encendida hasta convertir la comunidad en verdadero punto de encuentro.
Lo que sucede es que, con frecuencia, no estamos dispuestos a esto. Nos resulta incómodo salir a buscar la oveja perdida o barrer toda la casa para hallar una sola moneda. Nos parecemos al hijo mayor de la parábola que prefería la ausencia de su hermano y no vio con buenos ojos la acogida del padre. Aquel hijo mayor no aprendió lo fundamental. El saber perdonar y amar.

Si somos capaces de acoger a nuestros hermanos, como Dios Padre de Jesús nos acoge, estaremos abriendo nuevos horizontes.
  
ORACION DE LOS FIELES
1.- Pidamos por el Papa Francisco, pontífice abierto, perdonador y con mucho olor a oveja, para que el Señor le dé la fortaleza necesaria, para llevar a la Iglesia por el camino que lleva al reino.
ROGUEMOS AL SEÑOR
2.- Por todos los obispos, sacerdotes, diáconos, y todos los consagrados y consagradas al Señor, para que estos siempre transiten el camino que lleva al Padre Celestial.
ROGUEMOS AL SEÑOR
3.- Por todos los sacerdotes que se han visto envueltos en situaciones contrarias a las leyes del Señor, para que estos al igual que el apóstol Pablo, tengan la valentía de reconocer sus faltas y se encuentren de nuevo con el Dios misericordioso y perdonador.
ROGUEMOS AL SEÑOR
4.- Por todos los perdidos a causa del pecado de desobediencia a Dios, para que estos retomen la vuelta a la casa del Padre y se llenen de la alegría de vivir una existencia nueva.
ROGUEMOS AL SEÑOR
5.- Por las intenciones recibidas en nuestra Hermandad, para que el Señor en su infinita misericordia les conceda la paz y salud, espiritual y corporal.
ROGUEMOS AL SEÑOR
6.- Por todos nosotros, presente en esta Celebración, para que si en algo hemos faltado al Señor, seamos capaces de reconocerlo, con la confianza de que sentiremos su perdón en nuestras conciencias.
ROGUEMOS AL SEÑOR
Escucha Dios Padre Nuestro, las peticiones que te hemos dirigido y las que quedan en nuestros corazones. Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo y Nuestro Señor, que vive y reinas contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
Amen.

7 sept 2013

COMO CADA DOMINGO, TRAEMOS EL EVANGELIO PARA LA LECTURA, ORACION Y REFLEXIÓN DE NUESTROS HERMANOS




EVANGELIO DEL DOMINGO

8 de Septiembre de 2013
XXIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO (C)
Lucas, 14, 25-33


+Lectura de la  Buena Noticia según San Lucas
Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo:
“Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo.
El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: ’Este comenzó a edificar y no pudo terminar’.
¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz.
De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.
Palabra del Señor.

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COMENTARIO

    
Para ser cristiano, la Iglesia exige en realidad muy poco. Se bautiza a los niños recién nacidos y apenas se exige nada a sus padres; todo lo más, la asistencia a unas charlas preparatorias del acto del bautismo y un vago compromiso de actuar en cristiano educando al niño según la ley de Dios y los mandamientos de la Iglesia. Sin embargo, esto no era así al principio. Para ser discípulo, Jesús ponía unas duras condiciones, que llevaban a quien quería serlo a pensárselo seriamente. Pocos seríamos cristianos, si para ello tuviéramos que cumplir las tres condiciones que, llegado el caso, Jesús exige a sus discípulos. Y digo llegado el caso, porque estas tres formulaciones del evangelio de hoy que vamos a comentar son “formulaciones extremas”; representan la meta utópica que no debemos perder de vista, estando dispuestos a alcanzarla en el seguimiento de Jesús.
Por la primera (Si uno quiere venirse conmigo y no me prefiere a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a sí mismo, no puede ser discípulo mío), el discípulo debe estar dispuesto a subordinarlo todo a la adhesión al maestro. Si en el propósito de instaurar el reinado de Dios, evangelio y familia entran en conflicto, de modo que ésta impida la implantación de aquél, la adhesión a Jesús tiene la preferencia. Jesús y su plan de crear una sociedad alternativa al sistema mundano están por encima de los lazos de familia.
Por la segunda (Quien no carga con su cruz y se viene detrás de mí, no puede ser discípulo mío) no se trata de hacer sacrificios o mortificarse, que se decía antes, sino de aceptar y asumir que la adhesión a Jesús conlleva la persecución por parte de la sociedad, persecución que hay que aceptar y sobrellevar como consecuencia del seguimiento. Por eso no es necesario precipitarse, no sea que prometamos hacer más de lo que podemos cumplir. El ejemplo de la construcción de la torre que exige hacer una buena planificación para calcular los materiales de que disponemos o del rey que planea la batalla precipitadamente, sin sentarse a estudiar sus posibilidades frente al enemigo, es suficientemente ilustrativo.
La tercera condición (todo aquel de ustedes que no renuncia a todo lo que tiene no puede ser discípulo mío) nos parece excesiva. Por si fuera poco dar la preferencia absoluta al plan de Jesús y estar dispuesto a sufrir persecución por ello, Jesús exige algo que parece esta por encima de nuestras fuerzas: renunciar a todo lo que se tiene, Se trata, sin duda, de una formulación extrema que hay que entender. El discípulo debe estar dispuesto incluso a renunciar a todo lo que tiene, si esto es obstáculo para poner fin a una sociedad injusta en la que unos acaparan en sus manos los bienes de la tierra que otros necesitan para sobrevivir. El otro tiene siempre la preferencia. Lo propio deja de ser de uno, cuando otro lo necesita. Sólo desde el desprendimiento se puede hablar de justicia, sólo desde la pobreza se puede luchar contra ella. Sólo desde ahí se puede construir la nueva sociedad, el reino de Dios, erradicando la injusticia de la tierra.
Para quienes quitamos con frecuencia el aguijón al evangelio y nos gustaría que las palabras y actitudes de Jesús fuesen menos radicales, leer este texto resulta duro, pues el Maestro nazareno es tremendamente exigente.
No en vano el libro de la Sabiduría formula hoy a modo de interrogante la dificultad que tiene conocer el designio de Dios y comprender lo que Dios quiere. Será necesario para ello recibir de Dios sabiduría y Espíritu Santo desde el cielo para adecuar nuestra vida a la voluntad de Dios manifestada por Jesús. Necesitamos ciertamente esa ayuda del cielo para ir contra corriente y tener la capacidad de renuncia total que pide el evangelio y a la que debemos estar dispuestos, llegado el caso. Pero esto que en el evangelio se nos propone como exigencias radicales de Jesús hoy no es tanto el comienzo del camino, sino la meta a la que debemos aspirar, aquello a lo que debemos tender, si queremos seguir a Jesús. Tal vez no lleguemos nunca a vivir con esa radicalidad las exigencias de Jesús, pero no debemos renunciar a ello, por más que nos encontremos a años luz de esa utopía.
  
ORACION DE LOS FIELES
1.- Por el Papa Francisco, para que el Señor lo llene de la sabiduría que viene de lo alto, para guiar la Iglesia.
OREMOS AL SEÑOR
2.- Por los gobernantes del mundo, para que en sus decisiones siempre prime el respeto y la libertad de los hijos de Dios, sobre todo de los más pobres y necesitados.
OREMOS AL SEÑOR
3.- Para que el Señor nos de la sabiduría para ver su divina voluntad, en los acontecimientos de nuestras vidas y la de nuestros hermanos.
OREMOS AL SEÑOR
4.- Por los enfermos de nuestra Hermandad, para que en nuestro auxilio vean al Señor que los visita para llevarles paz y consuelo.
OREMOS AL SEÑOR
5.- Por nuestro párroco, y por el Hermano Consiliario,  para que el Señor, les asista siempre con la sabiduría, para conocer la voluntad de Dios y sean siempre pastor con olor a oveja.
OREMOS AL SEÑOR
6.- Por las intenciones de nuestra Hermandad, para que el Señor las atienda conforme a su santa voluntad y les dé a todos nuestros hermanos, su salud espiritual y corporal.
OREMOS AL SEÑOR
7.- Por todos nosotros reunidos en este dia del Señor, para que siempre estemos dispuesto a dejarlo todo para seguirlo.
OREMOS AL SEÑOR
Escucha Dios Padre Nuestro, las peticiones que te hemos dirigido y las que quedan en nuestros corazones. Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo y Nuestro Señor, que vive y reinas contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
Amen.

4 sept 2013

COLABORACIÓN CON LA HERMANDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA CON MOTIVO DE SU CORONACIÓN CANÓNICA

Miembros de la Junta de Gobierno de nuestra Hermandad, acudieron en la tarde de ayer a la Iglesia de San Lucas, donde se encuentra la Imagen de Nuestra Señora de la Esperanza de la Yedra que, con motivo de su, ya inmediata, Coronación Canónica, va a realizar en el mencionado Templo un Triduo de preparación para tan importantísimo acontecimiento, para hacer entrega de una aportación económica con este motivo e intentar la colaboración con tan querida Hermandad .

1 sept 2013

COMO CADA DOMINGO TRAEMOS EL EVANGELIO, PARA LA LECTURA, ORACIÓN Y REFLEXIÓN DE NUESTROS HERMANOS


EVANGELIO DEL DOMINGO

1 de Septiembre de 2013
XXII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO (C)
Lucas, 14, 1.7-14


+Lectura de la  Buena Noticia según San Lucas
Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente.
Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola:
"Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú,
y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: 'Déjale el sitio', y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar.
Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: 'Amigo, acércate más', y así quedarás bien delante de todos los invitados.
Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado".
Después dijo al que lo había invitado: "Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa.
Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos.
¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!". 
Palabra del Señor.

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COMENTARIO


    
El Evangelio de hoy podría titularse “Elogio de la humildad”, o mejor aún (es decir, peor), “Elogio de la humillación”, y, llevando la cosa a su extremo, “Elogio de la autohumillación”. Estos elogios no tienen, desde luego, buena prensa en el mundo de hoy (en realidad, apurando un poco, en el mundo de cualquier época y cultura: los tiempos cambian menos de lo que parece). Porque los valores prevalentes de este mundo, de hoy y de siempre, son los que subrayan el éxito personal, la autoestima, la afirmación de sí, el reconocimiento social. Desde luego, el evangelio de hoy daría jugosos argumentos a ese gran detractor del cristianismo, y profeta de los tiempos modernos y postmodernos, que fue (es y sigue siendo) Federico Nietzsche. Nos acusaba a los cristianos de defender valores de débiles, afeminados (tal vez en nuestros días se abstendría de usar este adjetivo), propios de una moral de rebaño: precisamente la humildad, la negación de sí, la compasión, el amor por los débiles.
¿Por qué tenemos que humillarnos a nosotros mismos? ¿Por qué no tenemos el derecho, incluso el deber de afirmarnos, fomentar la autoestima, buscar el éxito en esta vida, sometida ya de por sí a tantas limitaciones, a tantas “derrotas”? ¿No será verdad que el cristianismo, bajo capa de amor y perdón, es en el fondo enemigo de la vida, enemigo del hombre real y concreto, defensor de actitudes antihumanas?
Naturalmente, las lecturas precipitadas y guiadas por prejuicios no ayudan a entender en plenitud y en profundidad las palabras de Jesús. Porque Jesús, más bien, está llamándonos a la autenticidad de la propia vida. Y ser auténtico no es otra cosa que ser uno mismo de verdad y no sólo en apariencia. Es una llamada que responde, en el fondo, al mismo deseo de autoafirmación y autoestima, solo que advirtiéndonos con seriedad sobre los falsos caminos para alcanzar aquellas.
Tenemos que reconocer que, si estamos necesitados de autoestima y autoafirmación, y de una cierta confirmación de ellas por la vía del reconocimiento social, es porque de entrada somos bastante pobres y limitados (de otro modo, nos sobrarían aquellas necesidades). Y un falso camino para superar nuestra limitación es simular una importancia que, realmente, no tenemos. Por ejemplo, ocupar los primeros puestos, buscar a cualquier precio el aplauso social, revestirnos de méritos más imaginarios que reales, dárnoslas, en definitiva, de lo que realmente no somos. Es la vía de la apariencia externa, que lo único que hace es revestir nuestra propia desnudez y ocultar nuestra propia verdad, en primer lugar, ante nosotros mismos, y después también ante los demás.
Jesús, viendo esa feria de las vanidades, a propósito de un banquete al que había sido invitado, aprovecha para exhortarnos a no engañarnos a nosotros mismos. Para alcanzar nuestra propia verdad tenemos que renunciar a esas falsas apariencias, a esas formas de afirmación que son sólo fachada, y no resultado de un auténtico crecimiento interior. Por la vía de las apariencias uno se hincha, se ciega y se queda tan contento, pero, precisamente, se queda, es decir, se estanca, no crece, no llega a ser el que tiene que ser. Para que se dé este crecimiento personal hay que empezar por reconocer la propia pequeñez, los propios límites (físicos, psicológicos, intelectuales, morales, personales, en suma). Sólo desde la humildad de este reconocimiento es posible comenzar el trabajo paciente, lento, difícil, pero auténtico y verdadero, de la superación propia, de la maduración, de la propia realización. Por poner un ejemplo sencillo, una persona que compra un título universitario, puede aparentar un nivel que, realmente, no tiene, por más que sobre el papel se le reconozca. En cambio, el que empieza asumiendo humildemente su ignorancia (en el campo que sea) y se pone en la senda del aprendizaje paciente, llegará a conseguir ese título por méritos propios, un título que reflejará realmente sus conocimientos. Por otro lado, como lo que uno no sabe siempre supera con creces todo lo que puede llegar a saber, la humildad es la verdadera actitud del sabio, que siempre está abierto a adquirir nuevos conocimientos. Y lo que decimos del conocimiento podemos aplicarlo sin esfuerzo a cualquier otro campo de nuestra vida: la vida profesional, familiar, moral y religiosa.
Jesús nos llama a la humildad e, incluso, a la humillación de sí (rehuir los primeros puestos, esto es, el reconocimiento puramente aparente e inmerecido), pero para ser enaltecido. Jesús, el cristianismo y  la Iglesia no nos exigen que nos humillemos para permanecer en la postración permanente; al contrario, se trata de un reconocimiento inicial y bien realista para poder crecer y alcanzar así la propia plenitud. Una plenitud que no está basada en la comparación con los otros, en la mera apariencia de los signos externos y el reconocimiento social, sino en la propia verdad. Si esta es reconocida socialmente, podremos estar agradecidos por ello, pero en ningún caso debemos valorarnos (a nosotros y a los demás) sólo en función de ese reconocimiento. A veces ser fieles a la propia conciencia, y hacer el bien, exigen el precio del rechazo del entorno en el que vivimos.
Por eso Jesús, continuando con esa llamada a la autenticidad, nos sugiere hacer el bien por amor del bien mismo, esto es, por convicción y no por cálculo, que es como hay que entender su sugerencia de invitar no a los que pueden devolvernos el favor, sino a los que, justamente, no pueden hacerlo.
Y todo esto significa que el enaltecimiento al que aspiramos no está condicionado por las convenciones sociales. Siendo discípulos de Cristo, aspiramos a ser enaltecidos, esto es, a elevarnos, pero a una altura que está infinitamente por encima de las posibilidades humanas. Es lo que expresa tan bellamente la segunda lectura: “Vosotros os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a millares de ángeles en fiesta, a la asamblea de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús”.

La sublimidad de este enaltecimiento nos dice que se trata de un don y que sólo puede alcanzarse como una gracia. Dios no quiere solo levantarnos, sino hacerlo incluso a una altura que está muy por encima de nuestras fuerzas. De hecho este don gratuito nos abre los ojos para comprender un último y esencial aspecto de esta dinámica de humillación y enaltecimiento. Cuando, a partir de nuestra pobreza reconocida, vamos creciendo y alcanzando nuestra propia realización, descubrimos que nuestras conquistas no son un mérito exclusivo, sino que, al mismo tiempo, estamos en deuda con muchísimas personas que nos ha ayudado en el camino. El enaltecimiento de que hablamos, el verdaderamente humano, evita así el peligro del orgullo de creerse autor exclusivo de la propia vida. No es así, por mucho que hayamos progresado (en el saber, la habilidad, la virtud…), siempre deberemos reconocer que mucho se lo debemos a tantas personas que nos han ayudado en el camino, que han sido también instrumentos de la gracia de Dios: el verdadero enaltecimiento al que nos llama Dios por medio de Jesucristo está grávido de gratitud. Y, por eso mismo, nos abre a la humildad de inclinarnos ante los demás para ayudarlos también a ellos, para que puedan ponerse en pie, si están postrados, para que puedan desarrollarse y crecer, si están simplemente en camino.
La humildad que nos enaltece la descubrimos, al fin y al cabo, en la humillación de la Cruz, en la que Jesús dio la vida para levantarnos a todos de la suprema humillación y postración: la del pecado y la muerte. Y esta dinámica de humillación y enaltecimiento la podemos realizar en nuestra vida cotidiana haciendo nuestro el espíritu de Jesús, de entrega generosa a nuestros hermanos, a los que cedemos gustosos los primeros puestos, y de los que nos hacemos humilde y libremente servidores. Como María: “he aquí la esclava del Señor” (Lc 1, 38), como el mismo Cristo Jesús: “Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve” (Lc 22, 27).
  
ORACION DE LOS FIELES
1.               Por la Iglesia, para con el impulso del Espíritu Santo testimonie la fe en la caridad siendo casa y escuela de comunión de todos los hombres y mujeres de cualquier clase y condición.
Roguemos al Señor.
2.               Por los gobernantes del mundo, para que trabajen por una sociedad donde no se discrimine ni excluya a ningún ciudadano y ciudadana, donde impere la fraternidad, la justicia y la paz .
Roguemos al Señor.
3.               Por los pobres, los desempleados, los que sufren, por cualquier causa de exclusión para que encuentren en nosotros el testimonio del amor de Dios que nunca los abandona.   
Roguemos al Señor.
4.               Por las familias y comunidades para que en ellas surjan las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada que necesita la Iglesia y el mundo de hoy,
Roguemos al Señor.
5.               Por todos nosotros, por nuestras familias, por nuestra Hermandad, para que, fortalecidos con la gracia del Señor, seamos testigos auténticos, y que aunque la puerta al cielo es estrecha nos ayude a entrar por ella.
Roguemos al Señor.
Escucha Dios Padre Nuestro, las peticiones que te hemos dirigido y las que quedan en nuestros corazones. Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo y Nuestro Señor, que vive y reinas contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

Amen.