19 may 2013

EVANGELIO DEL DOMINGO PARA LECTURA, REFLEXIÓN Y ORACIÓN DE NUESTROS HERMANOS




EVANGELIO DEL DOMINGO

19 Mayo 2013
DOMINGO DE PENTECOSTES (C)
Juan, 20, 19-23

+Lectura de la  Buena Noticia según San Juan
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
Palabra del Señor

COMENTARIO

La solemnidad de Pentecostés cierra el largo ciclo del tiempo pascual (que hace unidad con el tiempo de Cuaresma). Podemos tener la sensación de que el don de Espíritu Santo es algo que acontece “al final” de este tiempo extraordinario, y que vendría a atemperar la sensación de orfandad por la ausencia terrena de Jesús. Pero, si escuchamos con atención la Palabra que Dios nos ha dirigido hoy, podemos entender que no es exactamente así. Pablo nos recuerda que “Nadie puede decir: ?Jesús es Señor?, si no es bajo la acción del Espíritu Santo”. Por tanto, si durante el tiempo pascual hemos podido ver a Jesús resucitado, y lo hemos reconocido como Señor y Mesías, significa que el don del Espíritu Santo ya ha estado actuando en nosotros. Y su actuación no permite que nos sintamos huérfanos, sino, al contrario, nos reviste del Espíritu de filiación que clama en nosotros “¡Abba! ¡Padre!” (cf. Gal 4, 6). El sentido inevitablemente cronológico de la liturgia no debe llevarnos a engaño. Los tiempos de Dios no son como los nuestros.
¿Por qué, entonces, la liturgia sitúa la venida del Espíritu precisamente al final del tiempo pascual? Nuestra vida se da en la distensión temporal y es en ella en la que vamos aprendiendo los misterios de Dios, que exceden la limitación del espacio y el tiempo. Pero Dios, al encarnarse, asume nuestra temporalidad y hace de ella ocasión para desplegar su sabia pedagogía, dirigiendo nuestra atención, ora a unos aspectos, ora a otros, que se iluminan y enriquecen mutuamente. Durante el ciclo pascual (Cuaresma-Semana Santa-Pascua), tiempo de luz, hemos contemplado los grandes misterios de la Vida, la Muerte y la Resurrección de Jesucristo. Lo hemos contemplado a Él, y lo hemos hecho desde la fe, es decir, bajo la acción del Espíritu. Al concluir (sólo litúrgicamente) este gran ciclo de contemplación y de fiesta, abrimos uno nuevo, el ciclo de la misión y el testimonio en la vida cotidiana. Por eso, antes de ponernos en camino, la liturgia nos invita a detenernos un momento y hacer conciencia, no sólo de lo que hemos visto y oído, sino también de la luz y la vibración que nos ha permitido ver, escuchar y creer, y que ahora nos tiene que llevar a confesar y anunciar. El Espíritu Santo es la luz en la que habitualmente no reparamos, pero gracias a la cual podemos ver. Es decir, lo conocemos por sus frutos, por sus dones.
Tradicionalmente se ha considerado que esos dones son la sabiduría, la inteligencia, el consejo, la fortaleza, la ciencia, la piedad y el temor de Dios, todos ellos en relación con la compresión de los misterios de la fe. Nosotros ahora no vamos a comentar con detalle estos dones, sino que queremos contemplarlos a la luz de la Palabra que hemos escuchado hoy. Ya hemos dicho que el primer don del Espíritu Santo lo hemos experimentado durante todo este tiempo de Pascua, al contemplar a Cristo resucitado y encontrarnos con él. A partir de él podemos discernir los otros dones, frutos que denotan la presencia y la acción del Espíritu en nuestras vidas y que nos habilitan para la misión que Jesús nos confía: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”.
Al reflexionar sobre ellos, caemos en la cuenta que el Espíritu Santo no actúa de manera mágica o automática, pues, siendo un Espíritu personal, es también un Espíritu de diálogo, que no fuerza nuestra libertad, sino que requiere nuestra cooperación. Por eso, de nuevo, la venida del Espíritu Santo no es un hecho puntual, sino una realidad siempre actual, siempre en curso. También por este motivo, podemos comprobar, precisamente por sus frutos (o por la ausencia de ellos), en qué medida estamos viviendo bajo la acción del Espíritu, y hasta qué punto nos estamos oponiendo a ella.
Cuando en nuestra vida de relación con los demás, también en nuestra vida eclesial, no somos capaces de entendernos entre nosotros, si, incluso hablando un mismo idioma, no conseguimos encontrar un lenguaje común, es que no estamos siendo dóciles al Espíritu. Porque cuando el Espíritu viene nos inspira para comprendernos entre nosotros, universalmente, a pesar de las diferencias, que, curiosamente, el Espíritu no anula, sino que preserva. El Espíritu no nos uniformiza, ni nos obliga a hablar en un mismo idioma, sino que nos enseña el lenguaje universal del amor, que une a los distintos, sin eliminar la originalidad de cada uno.
Por esto mismo, cuando subrayamos la división entre nosotros por lo más variados motivos, si fomentamos la confrontación, por ejemplo, entre jerarquía y laicado, entre acción y contemplación, entre oración y compromiso social, entre tradición y progreso…, aunque la parte de verdad que hay en nuestra posición parezca justificarnos, no estamos actuando y juzgando bajo la inspiración del Espíritu Santo, que hace de la diversidad de dones, ministerios, sensibilidades, formas de espiritualidad, etc., manifestaciones para el bien común, para la unidad del único cuerpo de Cristo.
A diferencia de Lucas, que distancia en el tiempo la Pascua de la Ascensión y de Pentecostés, Juan, como queda patente en el Evangelio de hoy, reúne estos acontecimientos en un mismo día: “el primer día de la semana”. Y es que este primer día de la semana no es un tiempo meramente cronológico (aunque acontezca en la historia), sino que es el tiempo de la nueva creación, en el que, como al comienzo de la creación del mundo (cf. Gn 1, 2) el Espíritu alienta, crea y ordena. En este texto podemos descubrir en apretada síntesis otros frutos del Espíritu, y, por contraste, aquellas actitudes que, por el contrario, denotan que aún no lo hemos acogido. Allí donde dominan la cerrazón y el miedo no está actuando el Espíritu, que, al contrario, nos abre y da coraje para salir al mundo entero a dar testimonio de la Buena Nueva de Cristo. Junto al miedo, atenazan los corazones de los hombres, muchas veces también de los creyentes, la inquietud, el pesimismo, la tristeza. El Espíritu de Jesús insufla paz y alegría, incluso allí donde vemos, sentimos y nos duelen las heridas del cuerpo de Cristo, que él mismo nos muestra. Esas heridas abiertas, recuerdo vivo de la Pasión de Cristo, que sigue presente de tantas formas (en el cuerpo de Cristo que es la Iglesia, en los sufrimientos de sus “pequeños hermanos”), no son heridas que claman venganza, ni acusan con rencor, sino “las heridas que nos han curado” (Is 53, 5; 1 P 2, 24), que hablan de perdón. Un gran don del Espíritu que opera en la Iglesia es el perdón. El sacramento de la reconciliación es su expresión principal, pero no la única. Todos estamos llamados a ejercer el ministerio del perdón, precisamente en la generosidad para perdonar a los que nos ofenden, para ser agentes de reconciliación allí donde hoy conflictos de cualquier tipo. Cuando somos incapaces de perdonar, cuando vivimos en el rencor, “guardándonos” las ofensas reales o imaginarias de que hemos sido víctimas, cuando ahondamos los conflictos, en vez de contribuir a resolverlos, entonces es claro que nuestro corazón está cerrado a la acción del Espíritu, que tenemos que ponernos en vela a la espera de nuestro particular Pentecostés. Podemos decir que el verdadero perdón no es cosa fácil, especialmente cuando las ofensas son muy graves. Pero no se trata de realizar imposibles superiores a nuestras fuerzas, sino de abrirnos al que es más fuerte que nosotros, al que ha resucitado a Jesucristo de la muerte, ha vencido el mal, y nos enriquece y transforma con sus dones.
El ministerio del perdón es el fruto de un corazón reconciliado, resucitado, nuevo. Es el gran signo de que, realmente, el Espíritu Santo, el Espíritu del Amor, el Espíritu de Jesús ha bajado sobre nosotros y ha encontrado espacio en nosotros, de manera que podemos salir al mundo, sin temor, con paz y alegría para dar testimonio del gran misterio pascual, que hemos contemplado durante este tiempo que hoy concluye, y del que Jesús nos manda testimoniar y anunciar, enviándonos al mundo entero.

ORACION DE LOS FIELES
1 - Envía, Señor, tu Espíritu de Sabiduría sobre la iglesia. Por el Papa, los obispos, los sacerdotes, diáconos y todas las personas que con su servicio ayudan a la Iglesia, para que reciban la luz necesaria a la hora de expandir el mensaje de Cristo.
OREMOS
2. - Envía, Señor, tu Espíritu de Fortaleza. Te pedimos por todos los que lo están pasando mal, los enfermos, los parados, los que están solos, los que no se sienten amados, los que no te encuentran...
OREMOS.
3. - Envía, Señor, tu Espíritu de Caridad. Por los pobres, por los carentes de amor, de comprensión, de solidaridad, para que encuentren una mano generosa que les ayude en su necesidad.
OREMOS.
4. - Envía, Señor, tu Espíritu de Entendimiento. Te pedimos por los gobernantes, por los que tienen poder para tomar decisiones, por los responsables de hacer que cesen las guerras, para que lleguen a un entendimiento que haga vivir en paz a los hombres.
OREMOS.
5. - Envía, Señor, tu Espíritu de Piedad. Para que sepamos vivir en cercanía con el Señor, rechazando todo lo que nos hace romper la amistad con Dios y con los hermanos.
OREMOS.
6. - Envía, Señor, tu Espíritu de Alegría. Por todos los que se Confirman en estos días, para que lleven a todos la alegría que supone vivir desde Cristo.
OREMOS.
7. - Envía, Señor, tu Espíritu de Bondad. Por todos los que se dedican a los demás, tanto si difunden la Palabra de Dios, como si ayudan a otros en sus necesidades, para que Dios les conceda la humildad, la sencillez y el desprendimiento que este servicio conlleva.
OREMOS.
8. - Envía Señor, tu Espíritu de Generosidad. Por las necesidades de todos los que compartimos esta Eucaristía (un momento de silencio) para que el Señor nos ayude a solucionarlas con la mayor generosidad.
OREMOS.
Señor, siempre atento a nuestras necesidades, deseamos que estas súplicas sean bien recibidas Ti, Dios Padre Nuestro, con la seguridad de que Tú siempre escuchas a tus hijos.
Y te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén.

14 may 2013

ENSAYO CUADRILLA COSTALEROS PASO SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE

El miércoles día 15 de Mayo a partir de las 7 de la tarde habrá ensayo de una de las cuadrillas de los jóvenes costaleros del paso de SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE.
El viernes día 7 de Mayo, a la misma hora, o sea a las 7 de la tarde,  lña otra cuadrilla también tendrá ensayo a la misma hora.
Rogamos a todos sean puntuales.

12 may 2013

TRAEMOS A ESTAS PAGINAS EL EVANGELIO DE CADA DOMINGO PARA LA LECTURA, ORACION Y REFLEXIÓN DE NUESTROS HERMANOS




EVANGELIO DEL DOMINGO

12 Mayo 2013
7º DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCION (C)
Lucas, 24, 46-53

+Lectura de la  Buena Noticia según San Lucas
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
-- Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Y vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.
Después los sacó hacia Betania, y levantando las manos los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos (subiendo hacia el cielo) Ellos se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.
Palabra del Señor

COMENTARIO

Hace años un afamado teólogo comenzaba su reflexión sobre la presencia de la Iglesia en el mundo de hoy proponiendo con agudeza una dialéctica entre identidad y relevancia, dos dimensiones, en apariencia, incompatibles: si los cristianos tratan de alcanzar relevancia y aceptación social, han de acomodarse al ambiente entorno, con lo que sacrifican su identidad cristiana; y si, por el contrario, refuerzan los elementos de su identidad, tienen el peligro de perder presencia social y convertirse en una secta. Es claro, y así lo proponía este teólogo, que la verdadera relevancia del cristiano y de la Iglesia sólo puede alcanzarse sobre la base de una identidad experimentada y creída. Y esto mismo es lo que les dice Jesús a sus discípulos antes de su Ascensión. Son palabras que aúnan admirablemente las dos dimensiones: la identidad, el núcleo esencial del mensaje cristiano, el recuerdo del misterio pascual de la muerte y resurrección del Mesías; y, sin solución de continuidad, la relevancia, la misión de la Iglesia, que Jesús confía a sus discípulos, y por la que se abre así al mundo entero.
La íntima unión de las dos dimensiones es esencial. En primer lugar, porque el contenido de la de no es un sistema ideológico, moral o religioso más o menos atrayente, sino la vinculación con el Mesías, una persona de carne y hueso, que realmente ha vivido entre nosotros, ha muerto y ha resucitado, cumpliendo así el designio salvador de Dios, que es lo que significan las palabras “así estaba escrito”. Por eso, la misión no se realiza por medio de la propaganda, la fuerza o los argumentos racionales, sino mediante el testimonio de aquellos que están vitalmente unidos al maestro: “vosotros sois testigos de esto”.
Es significativo que la Ascensión tenga lugar en Betania: lugar de muerte y de vida (cf. Jn 11, 1-43), de amistad con el Maestro, de contemplación y de servicio (cf. Lc 10, 38-42). Los fuertes vínculos personales que evoca Betania nos hacen comprender que la Ascensión de Jesús a los cielos no es una separación. Lucas, teólogo de la historia de la salvación, va distinguiendo con claridad sus diversos momentos, y ahora señala la línea divisoria entre el período de la presencia terrena de Jesús, que se prolonga en cierto sentido durante el tiempo de las apariciones pascuales, y el tiempo de la misión. Pero, en realidad, la Ascensión marca más que una desaparición, una nueva forma de presencia que, precisamente por universalizarse en la misión, no puede tener el carácter visible que vincula a determinado espacio y tiempo. Es la presencia en el Espíritu, la fuerza de lo alto que ha de revestir a los discípulos. Ahora bien, el carácter universal de esa presencia no debe llevar a equívocos: no es una universalidad “abstracta”, limitada al mundo de las ideas, sino una universalidad concreta, ligada a todo lugar y todo tiempo: ser sus testigos “en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo”, sabiendo que Él está con nosotros “todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). Gracias a esta nueva forma de presencia, Jesús “sigue padeciendo en la tierra todos los trabajos que nosotros, sus miembros, experimentamos”, como nos recuerda San Agustín: él mismo es el perseguido cuando los cristianos sufren persecuciones (“Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Hch 9, 4); él mismo pasa hambre y sed y penalidades en todo ser humano que sufre (cf. Mt 25, 34-45). Pero esta forma de presencia también hace verdad la inversa: si los discípulos estaban “con gran alegría siempre en el templo bendiciendo a Dios”, es porque, en medio de las dificultades y contrariedades de este tiempo de misión y testimonio, participan y gozan ya de las primicias de la victoria de Cristo sobre la muerte. Por eso dice también San Agustín, hablando de la Ascensión, “que nuestro corazón ascienda también con él… de modo que gracias a la fe, la esperanza y la caridad, con las que nos unimos a él, descansemos ya con él en los cielos”.
Entendemos así que, aunque la misión de realiza humildemente por medio del testimonio de hombres débiles y limitados, no es cosa de la libre iniciativa o la imaginación humana, sino que es llevada adelante por el Espíritu Santo. De nuevo descubrimos cómo la apertura y relevancia de la misión es cuestión de fidelidad al núcleo de la fe confesada y vivida. Sólo desde esa fidelidad y esa guía del Espíritu es posible, como nos recuerda Pablo, recibir la sabiduría que ilumina el corazón, comprender vitalmente la esperanza a la que estamos llamados, la eficacia desplegada por la fuerza de la muerte y resurrección. Y sólo así la misión podrá evitar las deformaciones a que se puede ver sometida si nos dejamos llevar de nuestras propias ideas y que, de un modo u otro, tientan sin cesar a los seguidores de Jesús. La pregunta de estos en la escena que Lucas reproduce con otros matices al comienzo de los Hechos de los Apóstoles puede entenderse en este sentido: “Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?” Es una pregunta que sigue denotando a estas alturas una cierta incomprensión del mesianismo de Cristo y de su misterio pascual. Es fácil y tentador soñar con la fundación de un determinado sistema, más o menos teocrático, que establece claras fronteras entre “nosotros y los demás”, o comprender el testimonio, sea como un místico quedarse mirando al cielo, o, por el otro extremo, como un programa de pura transformación social que deja en la penumbra la confesión de fe. Es decir, es fácil caer en la tentación de subrayar la identidad a costa de la relevancia, o, lo contrario, buscar formas de relevancia que dejan desvaída la fidelidad al núcleo de la fe. Pero, como dice Jesús, “no os toca a vosotros poner en cuestión la autoridad de Dios”, sino realizar la misión encomendada: el testimonio de fe, que aúna fidelidad y apertura, confesión de fe y compromiso. Y no puede ser de otra manera, porque la verdad que se transmite por vía de testimonio es posible sólo cuando se incorpora en la propia persona la verdad testimoniada, que no consiste en hablar de “algo”, sino de vivir como vivió “alguien”, Jesucristo, reproduciendo en uno mismo ese núcleo de la fe: dar la propia vida para alcanzar la Vida.

ORACION DE LOS FIELES
1.  Por la Iglesia: para que llena de la fuerza del Espíritu Santo anuncie el Evangelio a toda creatura. OREMOS
2. Por los que gobiernan las naciones: para que siembren la paz y la armonía entre todos los pueblos. OREMOS
3. Por quienes sufren enfermedades, preocupaciones o injusticias: para que encuentren en el Señor alivio para sus dificultades. OREMOS
4. Por los niños y jóvenes de nuestra Comunidad que celebrarán este año los sacramentos de la Iniciación Cristiana y por sus familias: para que abran sus corazones a la acción del Espíritu de Jesús. OREMOS
5. Por los que andan alejados de la Iglesia: para que elevando los ojos al cielo descubran a su Creador y Redentor. OREMOS
6. Por nosotros: para que con nuestra vida demos un claro testimonio de fe cristiana y con nuestras palabras ayudemos a sembrar la semilla del Evangelio en nuestra sociedad. OREMOS

10 may 2013

DESMONTAJE DE NUESTRA CASETA

Este próximo lunes dia 13 desde las 9 de la mañana procederemos al desmontaje de nuestra caseta de feria.
Para ello es necesario la colaboración de todos los hermanos que puedan hacerlo y esten libres de sus trabajos respectivos.
El duro trabajo, entre todos, o entre muchos, es más livianos, más fácil, más cómodo y agradable, que hacerlo enytre unos pocos, por lo que invitamos a todos nuestros heermanos a que colaboren en el demontaje de nuestra caseta.
Gracias de antemano por la colaboración.

5 may 2013

TRAEMOS A ESTAS PAGINAS EL EVANGELIO DEL DOMINGO PARA LA LECTURA, REFLEXION Y ORACION DE NUESTROS HERMANOS




EVANGELIO DEL DOMINGO

5 Mayo 2013
6º DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCION (C)
Juan, 14, 23-29

+Lectura de la  Buena Noticia según San Juan
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.
La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: "Me voy y vuelvo a vuestro lado." Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.»

COMENTARIO

Estamos estrenando el mes de mayo de la mano de la Virgen, ella nos conduce hacia la identificación con su Hijo, en él hemos sido hechos hijos de Dios; está es la realidad en la que siempre hemos de profundizar, ella es la que nos da el peno sentido de la vida: Dios es mi Padre y por muchos que sean mis pecados y defectos, siempre me quiere, me bendice y fortalece. Desde esa realidad nuestra existencia diaria se convierte en un constante motivo de alegría y felicidad.
Por eso hemos repetido en el Salmo responsorial: “El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca, la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación” (Sal 62, 2-3), el rostro del Señor que queremos buscar sin cesar se ilumina en la contemplación de la Palabra y la oración y deseamos que sea contemplado por todos, él es el origen de la felicidad humana.
El rostro de Cristo –muerto y resucitado, ha pasado por la muerte para adquirir la nueva vida- contemplado, rostro amado, rostro lleno de gracia y de verdad, que se convierte en Camino, Verdad y Vida del que lo contempla, al que lo contempla, le surge la pregunta: ¿Qué quieres Señor de mí?. Por eso, oye: “El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”. Es la consecuencia espontánea. Surge el deseo, la necesidad, de llevar a cabo lo que nos dice –sus mandatos- y se pone en marcha una correspondencia mutua: “mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”, se produce una auto posesión mutua: es el Señor quien vive en mí. Por eso, queremos conocer y adentrarnos en su Palabra –sus mandatos, sus mandamientos- porque nada nos parece pequeño, de menos importancia, todo es importante puesto que quien es fiel en lo pequeño lo es también en lo grande, en lo costoso.
El Señor actúa con una estupenda pedagogía, se manifiesta gradualmente, poco a poco. Se trata de adentrarnos en la intimidad de Dios con un recorrido apasionante cuyo fin vislumbramos, pero que no poseemos en plenitud: “Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho”. El Espíritu Santo actúa en quien le deja actuar, él lo “enseñara todo”. Se trata del amor de Dios que toma posesión del creyente y, desde el amor –no hay otro camino- que infunde en el corazón del hombre le abre a la gran novedad de Dios que sacia sin saciar y se expande a todas la criaturas. El camino del amor se recorre desde la vivencia de la Palabra –los mandamientos- que el Señor nos da, ese es el camino, por eso entendemos que la Iglesia nos pida que vivamos con delicadeza su cumplimiento.
Ahora entendemos mejor las palabras de Jesús que hoy tenemos ocasión de meditar: “La paz os dejo, mi paz os doy”, es “su paz” la que el Señor da, no es la nuestra, esa es la paz que deseamos que todos posean y que ofrecemos, la que él nos da; “no os la doy yo como la da el mundo”, como la damos nosotros, su paz es fruto de su amor, de su cuerpo “entregado”, su sangre “derramada” en la Cruz y presente sobre nuestros altares, es la paz fruto de la entrega. También nosotros hemos de “dar la vida” por todos si es que queremos transfórmanos en portadores de la paz y de alegría que como fruto de la entrega el Espíritu santo deposita en nuestro corazón. Dentro de poco celebraremos Pentecostés, si nos preparamos para ese día, su venida a nuestra alma hará maravillas en nuestra vida, y aunque esto parezca arduo: “Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde”. ¿Si Dios está con nosotros, quien contra nosotros?, nos dejó escrito San Pablo, nada mi nadie podrá alejarnos de la vivencia de nuestra vocación cristiana a la santidad. La acción del Espíritu no nos fallará
En este Mes de mayo de nuevo la Virgen aparece como modelo y acompañante en el logro de lo que se nos propone es una buena ocasión para ahondar la imitación de su itinerario hacia la intimidad con Dios.

4 may 2013

ENSAYOS CUADRILLA SAN JUAN BTA. DE LA SALLE

 El viernes dieron comienzo los ensayos de los jóvnes costaleros del Paso de San Juan Bautista de La Salle, que como se puede ver en las fotografias que acompañamos, estuvo muy concurrido.
Asistierom casi 70 niños entre hermanos de la Hermnadad y alumnos de los tres colegios LA Salle de Jerez


2 may 2013

IGNAUGURACION DE NUESTRA CASETA DE FERIA


El domingo domingo día 5 y a partir de las 14,30 tendremos la inauguración de nuestra caseta de feria con una comida de Hermandad.
A esta comida pueden asistir todos los hermanos que lo deseen (hasta llenar el aforo) previo pago de 18€ por persona y 35€ la pareja. Para los que deseen asistir se tienen que poner en contacto con nuestro hermano D. Juan Luis Rosa Elena.
Asimismo recordamos a todos los hermanos que pueden adquirir los tickets para la Caseta de feria, lo cual reporta a la Hermandad el beneficio de obtener efectivo.
Esperamos que todos los hermanos adquieran estos tickets y acudan a la caseta de feria de nuestra Hermandad.
Os esperamos en nuestra caseta, en la caseta de nuestra Hermandad.
¡¡FELIZ FERIA!!.